La lectura y los niños pequeños – Parte II

Preparar la situación:

Permite a tu hijo o hija elegir. Sugiérele alguno nuevo ante la insistencia en repetir siempre el mismo.
De vez en cuando visita una librería con tu hijo/a pequeño con el objetivo de revisar, ojear los cuentos. También se puede visitar una biblioteca y hacer uso del servicio de préstamos.


Elige y establece como rutina el momento oportuno para leer juntos: antes de acostarse, al regresar de un paseo, el domingo por la mañana.
Siéntalo en tu regazo para que pueda ver y tocar el cuento.
Comienza por la portada, enséñasela y explícale el título, despierta su curiosidad (¿de qué tratará el cuento? ¿Quién será….?…)
Responde a las preguntas en caso de que el niño las realice, sea el momento que sea.
Permítele que sea él/ella quien lea la historia si ya la conoce y escúchale con atención. Hazle preguntas sobre el contenido y espera a que te conteste.
Cuando tú leas, sugiérele sentarse al lado y leer también. No olvides que si lo hace, será durante un corto espacio de tiempo y que esto es normal (dependiendo de la edad).
Para los muy pequeños hay cuentos de tela o plástico para que los explore. Si nos hemos sentado a leer, enséñale a guardar el libro estableciendo la rutina: cerrar y guardar colocándolo en su sitio.
Podemos elaborar un cuento personal, pegando fotos (por ejemplo familiares) sobre cartulina y forrándolas con plástico.
Compra cuentos adecuados a la edad y a los gustos del niño/a. Enséñale además temas nuevos para que pueda ampliar esos intereses.

El cuento desde “algo para tocar” hasta que “nos cuenta una historia”:
—El niño comienza utilizando el libro como si fuera un objeto más: Manipular, tocar, chupar, pasarlo de una mano a otra, tirarlo al suelo. Por eso los primeros cuentos tienen que ser de materiales especiales: lavables y arrugables, suaves, que permitan la experimentación y exploración con el tacto, vista y gusto.
—Desde que el niño mirar hacia donde el adulto le señala podemos sentarnos a ver un cuento. Mantienen la atención durante cortos periodos de tiempo. El adulto debe introducir los turnos: una vez señala el niño y otra el adulto.
—Imita al adulto y señala él mismo las imágenes. Mira al adulto para mostrárselas una vez que ya las conoce. Dice los nombres de las imágenes. Espera que el adulto diga el nombre. Antes de las palabras, le llaman la atención las onomatopeyas: pollito “pío pío”, perro “guau guau”, se cae y hace ¡pum!
—El adulto deberá usar voces, inflexiones, expresiones faciales exageradas, gestos para enfatizar las historias y mantener el interés del niño.
—Primero terminará las palabras empezadas e intentará repetir las que dice el adulto. Al principio no importa cómo las diga.
—Aprenderá muchas palabras nuevas. Los cuentos poco a poco pueden tener más imágenes dentro de la misma página aunque todavía tienen que ser pocas para centrar su atención. El adulto debe hacer frases sencillas de sujeto, verbo y predicado. Por ejemplo: el pollito está en el agua, el nene está en la cama….
—Es importante la alusión a la realidad del niño en estos momentos. Las historias tienen que ser cercanas a su propia vida. Por ejemplo, el pollito se baña, ¿y tú te bañas? Sí, en la bañera….
—Hay que darle tiempo a contestar cuando hacemos preguntas.
—Se podrán introducir las cosas que al niño le interesan: animales, juguetes, objetos familiares, el sol, familia, actividades de la vida cotidiana…
—Podremos seguir historias cortas. Es importante seguir la secuencia de la historia y terminar siempre con una frase para que sepa exactamente cuál es el final.
—Si el niño quiere retroceder, seremos flexibles y aceptaremos sus deseos, aunque es conveniente llegar hasta el final.
—Si se cansa o se aburre, es tiempo de dar por terminada la actividad. No debemos forzar al niño. Si lo hacemos, desarrollará rechazo por la actividad.
—Progresivamente ampliará sus intereses y su capacidad para el lenguaje. Esto lo tendremos en cuenta a la hora de seleccionar los cuentos, su complejidad y longitud o duración.

CONCLUSIÓN:

 

La lectura compartida permite, además de favorecer el desarrollo de competencias en el niño/a: corregir comportamientos sin deteriorar la relación, enseñar límites y valores y algo muy importante como conocerse mutuamente y establecer una relación afectiva segura.

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